En nuestra República Dominicana actualmente hay una fuerte presión de grupos internacionales y nacionales a que se despenalice el llamado “aborto terapéutico” el cual se traduce exclusivamente en la frase “peligro a la salud de la madre”.

Es bueno hacer dos aclaraciones iníciales, primero: la palabra terapia aquí es mal usada porque en medicina significa tratamiento de enfermedades (Diccionario de la Real Academia Española) y eliminar la vida de un bebé en el vientre no cura ninguna enfermedad.

Y  segundo: “peligro a la salud de la madre” es un concepto amplio, ambiguo y que se presta a fáciles abusos, ya que como hemos visto en otras naciones que han despenalizado este tipo de aborto se ha traducido en “problemas” psicológicos inducidos como son: el deseo de posponer la maternidad, ser muy joven para cargar con un embarazo, impedimento para la realización profesional, la incapacidad de criar al bebé, rechazo por parte de la familia, entre otros.

Todo esto bajo la certificación de médicos negociantes que supuestamente se han apegado a este tipo de práctica permitidas por sus leyes cuando en realidad muchas veces las vidas de esas mujeres nunca estuvieron en peligro.

Es bueno señalar que en el país no hay que despenalizar este tipo de aborto para que después de agotar diligentemente todos los recursos humanamente posibles con la finalidad de salvar ambas vidas un médico tenga que tomar una decisión a favor de un peligro real a la salud física de la madre, es algo que se realiza y no es penalizado por el código penal actual, el cual nos muestra en su artículo 10 la figura del estado de necesidad que consiste en: “no ser penalmente responsable, la persona que, ante un peligro actual o inminente que la amenaza a ella o a otra persona realice o ejecute un acto u omisión tipificado como infracción por este código o la legislación penal especial vigente”.

No es tan difícil darnos cuenta de lo que hay detrás de quitar la pena al “aborto terapéutico”, ya que no es más que una puerta hacia la liberación total de los abortos.

Decimos esto porque países que hoy día han despenalizado totalmente este crimen a los no nacidos comenzaron primero haciéndolo con este y actualmente en esas naciones hay un abuso sin precedentes, hasta tal punto que el 90% de los de los miles y miles de abortos que se realizan en el mundo no entran en la categoría que se han designado para legalizar el aborto (esto según informes del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad España año 2013, y el Christian Medical Fellowship Gran Bretaña año 2012).

En el caso de Estados Unidos se practican alrededor de 3,000 abortos por día, que es más de un millón al año (según el Centro de Control y Prevención de Enfermedades, CDC, una agencia del Departamento de Salud y Servicios Humanos) y es una de las principales causas de mortalidad materna, pero esta información no es popular, porque detrás del aborto hay una negocio millonario que muchos no les gustaría perder.

Una de las estrategias que se usa para engañar a la población es diciendo que aprobando este tipo de aborto se reduciría la mortalidad materna en el país y estudios publicados en el año 2008 por el Centro Nacional de investigaciones en Salud Materno Infantil (CENISMI) nos muestran una realidad que todavía continúa, y es la falta de calidad en los centros de atención primaria para las mujeres embarazadas y esto sí se considera uno de los pilares en la reducción de la mortalidad materno-infantil que ayudaría a nuestras mujeres.

Señores jueces constitucionalistas, legisladores, médicos, sociedad dominicana en sentido general, no caigamos en esta trampa, votemos por la vida y defendamos el derecho que tiene todo ser humano de vivir. Dios es el dueño, dador y el autor de la vida humana (Génesis 2:7) (Salmos 139:13), él condena el aborto (Éxodo 20:13) es pecado ante Sus ojos, porque es asesinar a un ser que ha sido creado a Su imagen conforme a Su semejanza (Génesis 1:27), por quien también al igual que por nosotros Jesucristo vino y murió para que aquellos que creen en Él sean perdonados de sus pecados y tengan vida eterna (Juan 3:16).

[Escrito por el pastor y educador  Julián Musa / Pueden contactarle a: julianmusa@gmail.com]

Compartir