Tras colocar un papelito con sus deseos entre las piedras del Muro Occidental (conocido en el mundo gentil como el Muro de los Lamentos) de Jerusalén, visitar el Museo del Holocausto-Yad Vashem, y reunirse con altos cargos de Israel (entre ellos el primer ministro, Biniamín Netanyahu, y el presidente Reuvén Rivlin), y también con el presidente palestino, Mahmud Abbás, en la ciudad cisjordana de Belén; el presidente estadounidense, Donald Trump, dio por finalizada su visita con un discurso ofrecido en el Museo de Israel de Jerusalén.

Allí, Trump recalcó que los lazos del pueblo judío con Tierra Santa son eternos.
Jerusalén es una ciudad sagrada”, apuntó el mandatario norteamericano, quien resaltó el “esplendor” de la urbe y añadió que “los lazos del pueblo judío con la Tierra Santa son antiguos y eternos”.

Trump puntualizó que los judíos han construido en Israel un lugar donde pueden cultivar la tierra y rezar donde quieren.

“Pero los musulmanes, cristianos y la gente de todas las religiones son libres de vivir y elevar sus plegarias de acuerdo con su consciencia”.

“Insto a las personas a inspirarse en esta antigua ciudad para dejar de lado las diferencias sectarias para superar la opresión y el odio”, expresó.

Biniamín Netanyahu y Donald Trump Foto: Haim Zach GPO

Trump dijo que en sus reuniones en Arabia Saudita vio una “nueva oportunidad” para los países de la región para poner fin a la lucha sectaria y encontrar la paz, destacando la sabiduría del rey saudita Salman bin Abdulaziz al Saud, a quien denominó Salomón (en vez de Salman).

El conflicto, resaltó, “no puede continuar para siempre. La cuestión es cuándo las naciones deciden que ya han tenido suficiente”, añadiendo que “el cambio puede venir solamente desde adentro”.

Trump señaló que sus declaraciones en Jerusalén han sido las mismas que en Riad: convocar a una coalición contra el terrorismo.

El presidente estadounidense puntualizó que los israelíes han experimentado el terrorismo de primera mano, añadiendo que el Estado Islámico amenaza las instituciones judías.

“Irán llama a la destrucción de Israel. Eso no sucederá con Donald J. Trump”, aseguró desatando una ovación de pié, que marcó el clímax del discurso.

Sobre el conflicto israelí palestino, Trump puntualizó: “Sabemos que tanto los israelíes como los palestinos quieren una esperanza para sus niños y sabemos que la paz es posible si se pone de lado el dolor y las diferencias de opiniones, y hay compromiso para resolver este conflicto que ya se ha prolongado medio siglo o más. Como he reiterado: Estoy comprometido personalmente a ayudar a israelíes y palestinos a lograr un acuerdo de paz. Me reuní con Mahmud Abbás y puedo decirles que los palestinos están listos para la paz”.

“Tras mi reunión con mi buen amigo Biniamín [Netanyahu] puedo decirles que él quiere la paz, está dispuesto a la paz, él quiere la paz”, añadió.

“Hacer la paz no será fácil. Pero la determinación y el compromiso y la creencia en la paz es posible. Israelíes y palestinos pueden alcanzar un acuerdo”.

Trump prometió que su administración “estará siempre con Israel”, provocando los aplausos cerrados de su audiencia.

Seguramente, algunos altos funcionarios de la coalición se sintieron aliviados; porque el discurso que pronunciado no compromete al Gobierno a ninguna medida concreta en relación a la reactivación del proceso de paz, tal como se especulaba.

El discurso, agradable a los oídos del público israelí, fue relevante no sólo por lo que dijo; sino aún más por lo que no dijo.

No hizo mención sobre su compromiso electoral de trasladar la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén. Tampoco mencionó en ningún momento de su gira la consigna de la “solución de dos Estados”. Ni se refirió a la “autodeterminación” para los palestinos, como había prometido su asesor de seguridad nacional H.R. McMaster, antes del viaje.

La visita estuvo dirigida principalmente a Israel y su llegada a Belén para reunirse con  Abbás pareció un asunto menor agregado.

En Belén, Trump le reprochó a Abbás que “La paz nunca puede arraigar en un lugar donde la violencia es tolerada, financiada e incluso recompensada”, en una dura crítica a la forma en que la Autoridad Palestina apoya financieramente a los terroristas palestinos encarcelados por cometer ataques contra israelíes.

Sin embargo, argumentó que Abbás “se ha comprometido a tomar medidas firmes y necesarias para luchar contra el terrorismo”.

En una conferencia previa conjunta con Netanyahu, Trump expresó optimismo de que “un nuevo nivel de asociación es posible” entre Israel, Estados Unidos y el mundo árabe.

“Hay muchas cosas que pueden pasar ahora que nunca ocurrieron antes”, manifestó Trump. “Debemos tomarlas juntos. Debemos aprovechar la situación”.

Netanyahu también se refirió a las alianzas con los países de la región: “Los peligros comunes están convirtiendo a los antiguos enemigos en socios”, en referencia a Irán, una situación que calificó de “potencialmente muy prometedora”.

“No será simple, pero por primera vez en muchos años, y por primera vez en mi vida, veo una verdadera esperanza de cambio”, sostuvo a su vez Netanyahu.

“Los socios árabes pueden ayudar a cambiar el clima” y crear las condiciones para una paz “realista” con los palestinos, apuntó en la comparecencia Netanyahu que aseguró que hay una “esperanza real para el cambio”.

El primer ministro también hizo referencia al hecho de que Trump se haya convertido en el primer presidente estadounidense en funciones en visitar el Muro Occidental.

“Sé que ha ido al Muro Occidental y ha tocado las piedras de nuestra existencia, y es el primer presidente norteamericano que lo hace y tengo que expresar nuestro agradecimiento, no solo por eso, sino también por su amistad con el Estado de Israel, su comprensión de nuestra historia, nuestra lucha y nuestro deseo de paz” apuntó el líder israelí.

Fuente: Aurora

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