“Este testimonio necesita ser contado una y otra vez hasta que la fe de esos mártires se convierta en nuestra fe”, asegura pastor.

La historia de los 21 cristianos coptos de Egipto que fueron decapitados por el Estado Islámico (EI) en febrero de 2015 se hizo conocida en todo el mundo. Lo que no trascendió es que uno de ellos, era de Chade, y se convirtió a Cristo el día de su decapitación.

El testimonio fue anunciado por un líder copto durante la Cumbre Mundial en Defensa de los Cristianos Perseguidos, celebrada esta semana en Washington por la Asociación Evangelística de Billy Graham.

Según testifican, los 21 hombres trabajaban juntos en Libia cuando fueron secuestrados por el Estado Islámico. En los videos de la ejecución, hay un detalle que distingue a uno de los hombres, el cual posee la piel mucho más oscura. Su nombre era Mathew Ayairga y él venía de Chade, nación africana que a diferencia de Egipto no tiene mayoría árabe.

Los hombres secuestrados fueron probados: negar a Jesús o morir. Ellos mantuvieron su fe, aun sabiendo que eso les costaría la vida. Cuando los terroristas dieron la orden a Mathew que respondiera, el vídeo divulgado por el EI muestra su respuesta clara y segura: “El Dios de ellos es mi Dios”.

Según testigos, él fue tocado en gran manera por el testimonio de fe de sus amigos cristianos, con quienes convivió en la cárcel durante un mes antes de la ejecución. Ellos rechazaban la opción de negar a su Salvador, incluso ante la muerte, literalmente, con un cuchillo en su garganta, hizo que declarara su fe minutos antes de la muerte.

Como él no era cristiano, podía haber dicho “Yo no creo en Jesús” o “Jesús no es el Hijo de Dios”, y ciertamente ser liberado.

El doctor Michael Brown, teólogo que ya escribió 25 libros, trabajó como profesor en distintos seminarios estadounidenses y actualmente presenta el programa de radio “The Line of Fire”, que constantemente denuncia casos de persecución. Alli hizo un pedido.

“Este testimonio necesita ser contado y recontado hasta que la fe de esos mártires se convierta en nuestra fe, hasta que las personas miren nuestras vidas y digan:” Tu Dios es mi Dios, no importa lo que pase conmigo “.

Informa que durante la Cumbre fueron compartidas muchas historias de cristianos perseguidos. Brown destaca que sería erróneo pensar que los cristianos perseguidos son “supersantos”.

Por el contrario, agrega, “la mayoría de ellos son personas comunes, no son predicadores ni pastores o grandes evangelistas. Son madres y padres, jóvenes y ancianos, trabajadores y amas de casa, con o sin diploma. Sin embargo, permanecieron fieles bajo prueba de fuego”.

La prueba de la mano de Dios en ellos, es que “en vez de maldecir a Dios, lo bendicen. En vez de retribuir a los enemigos con odio, deseando venganza, ofrecen perdón y amor “, finalizó.

Fuente Gospel Prime

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