¿La Escritura elogia la mentira de Rahab?

Captura de pantalla 2016-02-16 a las 11.12.10Aparte de Rahab, la gente de Jericó no parecía estar lo suficientemente temerosa del poder de Jehová o del poderío militar de Israel. A lo mejor los relatos acerca de los cuarenta años de vagar sin destino habían terminado por contrapesar el miedo de los cananeos respecto de la capacidad militar de ese pueblo. Cualquiera fuera la razón para su autocomplacencia, los residentes de Jericó estaban obviamente demasiado confiados en la seguridad de su fortaleza amurallada.

De todas maneras, se mantenían en guardia respecto de los intrusos, habiéndose dado órdenes estrictas de informar al rey sobre cualquier movimiento sospechoso. El «rey» funcionaba de la misma manera que un alcalde, pero tenía el control militar. Por lo tanto, había que notificarle si se descubría a los intrusos.

Es posible que alguien a quien los espías preguntaron por las direcciones dio la voz de alerta. O centinelas ubicados cerca de la casa de Rahab, los hayan visto, reconociéndolos como israelitas por su vestuario. Como quiera que sea, su presencia fue rápidamente reportada al rey de Jericó. La información incluía los detalles exactos respecto de dónde habían ido, de manera que el rey envió mensajeros a la casa de Rahab.

Aquí es donde Rahab nos sorprende completamente. Recuerde, ella se ganaba la vida vendiéndose para propósitos malvados. Es posible que se hubiera hecho acreedora a una buena recompensa si entregaba a los espías. Pero no lo hizo. Es más, los ocultó. Dio una información falsa a los soldados salvándoles así la vida, aunque eso la expuso a un alto riesgo. Obviamente, los representantes del rey sabían que los espías habían estado en su casa. Cuando fueron incapaces de encontrar alguna evidencia de que los hombres habían dejado la ciudad realmente, lo más probable es que volvieron a interrogar a Rahab. Ella puso su propia vida en peligro para proteger a estos extranjeros. Su repentina expresión de fe, por lo tanto, no solo es inesperada, sino que parece correr en sentido contrario, al instinto que por lo general motivaría a una mujer como ella.

Las acciones de Rahab para proteger a los espías envolvían una mentira. ¿Fue eso justificado? Al elogiarla por su fe, ¿la Escritura también excusa sus métodos? Personas correctas han argumentado sobre esa pregunta desde los comienzos de la historia rabínica. Enfrentémoslo. No es una pregunta fácil. La Escritura dice: «Los labios mentirosos son abominación a Jehová; pero los que hacen verdad son su contentamiento»(Proverbios 12.22). Dios mismo no puede mentir (Tito 1.2; Números 23.19; 1 Samuel 15.29) y, por lo tanto, Él no puede condonar o autorizar una mentira. Algunos han tratado de argumentar que debido a las circunstancias, esto no fue, técnicamente, una «mentira» sino una treta militar, una estratagema legítima diseñada para engañar o burlar al enemigo en la guerra. Otros argumentan que incluso la mentira es aceptable si el motivo es un bien superior. Tal acercamiento situado a la ética está lleno de problemas muy serios.

No veo la necesidad de justificar la mentira de Rahab. ¿Era necesario para un bien mayor? Por cierto que no. También Sadrac, Mesac y Abed-nego podrían haberse librado del castigo mintiendo. Y haber sostenido convincentemente que era por «un bien mayor». Pero no hay bien más grande que la verdad, y la causa de la verdad nunca puede ser puesta al servicio de la mentira. Sadrac y sus amigos dijeron la verdad —en realidad, usaron la oportunidad para glorificar el nombre de Dios— y Dios fue capaz de salvarlos incluso del horno. Sin duda que Él podía salvar a Rahab y a los espías sin necesidad de una mentira.

Pero, ese no es el punto en la historia de Rahab. No hay necesidad de una inteligente racionalización para justificar su mentira. La Escritura nunca elogia la mentira. Rahab no es aplaudida por su ética. Rahab es un ejemplo positivo de fe.

En ese momento, su fe recién nacía, débil, y con necesidad de nutrientes y de crecimiento. Sus conocimientos de Jehová eran escasos. (En Josué 2.9-11 ella deja en claro que algo sabía sobre Él, habiendo desarrollado un agudo interés en Jehová como producto de las historias sobre el escape de Israel desde Egipto. Pero es probable que, antes de esa noche, no haya conocido a un verdadero adorador de Jehová.) Muy posiblemente no tenía conocimiento del valor que Él asignaba a la verdad. Mientras tanto, ella era un producto de una cultura corrupta donde la ética era prácticamente inexistente. En su sociedad y especialmente en su profesión mentir era un estilo de vida. La manera como respondió es justo la que podríamos esperar de un nuevo creyente bajo estas circunstancias.

El punto es que esa fe de Rahab, aún sin desarrollo, inmediatamente dio frutos de acción. «Recibió a los espías en paz»(Hebreos 11.31) quiere decir que no solo los escondió sino que también abrazó implícitamente su causa. De este modo confió todo su futuro al Dios de ellos. Y la prueba de su fe no fue la mentira que dijo, sino el hecho que «recibió a los mensajeros y los envió por otro camino» (Santiago 2.25) cuando podría haberlos delatado por dinero. La mentira no es lo que hizo que su acción fuera loable. Fue que renunció a una recompensa fácil, se puso en peligro, y se jugó el todo por el todo por el Dios de Israel.

Nada sino la fe podría haber hecho un tan dramático e instantáneo cambio en el carácter de tal mujer. Obviamente, había desarrollado una gran curiosidad acerca de Jehová por las historias sobre su trato con Israel. Ahora que ella había conocido a personas de carne y hueso que le conocían y le adoraban, estaba lista para involucrarse del todo con ellos.

Un Legado Perdurable

De hecho, cuando nos volvemos a encontrar con Rahab en las páginas de la Escritura, es en el Nuevo Testamento. Su nombre es mencionado allí tres veces. Dos pasajes la honran por su fe extraordinaria (Hebreos 11.31; Santiago 2.25). Se la presenta como un ejemplo de la fe tanto para hombres como para mujeres. Santiago, en particular, cita su caso para mostrar que la fe produce acción.Efectivamente, la fe de Rahab no permaneció aletargada mucho tiempo. Recuerde, fue solamente después que ella escondió a los espías que les expresó su creencia de que Jehová era el único Dios verdadero. Su fe, se vio en el fruto de sus obras antes, de que tuviera siquiera la oportunidad de expresarlo con sus labios. Santiago dice que la fe genuina siempre es activa y productiva como ésta. «Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta»(Santiago 2.26). La fe de Rahab podía estar de cualquier modo, menos muerta.

Sin embargo, lo más asombroso en el caso de Rahab, es que aparece en el primer párrafo, de la primera página del primer evangelio del Nuevo Testamento. Mateo comienza el relato de la vida de Cristo con una larga genealogía trazando una línea del linaje completo de Jesús desde la época de Abraham. El objetivo de Mateo es demostrar por el linaje de Jesús que Él calificaba para ser la Simiente prometida de Abraham, y que era también el legítimo heredero al trono de David. Allí, en la lista de los antepasados de Jesús encontramos inesperadamente el nombre de Rahab: «Salmón engendró de Rahab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isaí» (Mateo 1.5).

Es muy inusual que las mujeres sean nombradas en alguna genealogía hebrea. (Nótese que el registro de los descendientes de Adán en Génesis 5 omite cualquier referencia a sus hijas.) Sin embargo, Mateo menciona a cinco mujeres, y todas son personas notables: Tamar (1.3), Rahab (v.5), Ruth (v.5), Betsabé (v.6) y María (v.16). Al menos tres de ellas eran gentiles. Tres de ellas fueron deshonradas debido a su propio pecado. A decir verdad, cada una, por diversas razones, sabían lo que era ser paria y tener mala fama o algún estigma asociado a su reputación:

  • Tamar era una mujer cananea cuyo marido se había muerto dejándola sin hijos. Posó como prostituta y sedujo a su propio suegro, Judá, con el fin de tener un hijo. Es muy interesante que un hilo escarlata cumpla también una función en la historia trágica de la vida de Tamar (Génesis 38.13-30).
  • Rahab a quien ya conocemos, incluyendo la vergüenza de su sórdido pasado.
  • Ruth (a quien pronto conoceremos) era de la nación moabita, un pueblo generalmente despreciado en Israel (Ruth 1.3).
  • Betsabé (a quién Mateo se refiere simplemente como «la esposa de Urías»sin nombrarla) comete adulterio con el rey David (2 Samuel 11).
  • María, por supuesto, llevó la vergüenza de un embarazo fuera del matrimonio.

Colectivamente, ellas ilustran cómo Dios es capaz de hacer que todas las cosas obren para bien. Desde una perspectiva humana, toda la genealogía estaba matizada con parias y ejemplos de fracaso. Las mujeres, en particular, subrayan la forma en que el escándalo coloreó gran parte de la línea mes Estaba llena de extranjeras, marginadas y aquellas que eran parias por variadas razones. Sin embargo, a pesar de esto, todas encontraron un lugar en el plan de Dios para traer a su Hijo al mundo.

El motivo del escándalo en el linaje de Cristo no fue ningún accidente. En su encarnación, Cristo voluntariamente «se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres»(Filipenses 2.7). Se hizo un paria y un oprobio público y por nosotros se hizo maldición (Gálatas 3.13). Aun hasta hoy es «piedra de tropiezo, y roca que hace caer»(1 de Pedro 2.8). El mensaje del Evangelio es, también, un escándalo público, simple locura y vergüenza para aquellos que se pierden. Pero para aquellos que son salvos, es poder de Dios (1 Corintios 1.18).

Entonces, una vez más, «Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores»(Marcos 2.17). Rahab fue la encarnación de esa verdad. Esa es la razón por la que el Nuevo Testamento repetidamente la presenta como un ejemplo vivo del fruto de la fe salvadora. Es un recordatorio viviente que aún el peor de los pecadores puede ser salvado por la gracia divina a través de la fe. «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios» (Efesios 2.8-10, énfasis añadido).

Fragmento del libro ¨Doce Mujeres Extraordinarias¨ de John MacArthur.

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  • Arg3n1s

    Muy interesante articulo, esto si es material Cristiano y de edificación, te anima a leer y releer esta historia y a estudiarla por cuenta propia.

  • Karellen1

    Mintio y ya..